La búsqueda espiritual, en mi opinión, se resume en la búsqueda de la respuesta a la pregunta ¿Quién soy yo?
Uno de los problemas que aparecen es que buscamos una respuesta como si fuera un objeto, un concepto, “yo soy esto”, “yo soy aquello”.
Si nos fijamos, estas preguntas las estoy haciendo con mi mente (pensamientos), luego las respuestas parece que tendrían que ocurrir en la mente con otros pensamientos.
Pero lo que somos en realidad no se puede explicar con conceptos, con pensamientos así que tenemos que aprender a buscar eso que somos de otra manera.
Siempre he considerado a los Lamas y Rimpoches como científicos de la N.A.S.A. pero cuyo objetivo es el estudio de la mente.
Si a través de la meditación aprendemos a observar los pensamientos y estudiamos que es un pensamiento, de donde viene, donde está, ¿a donde va?, lo buscamos dentro y fuera de nosotros y no encontramos nada, por eso se dice que la naturaleza de la mente es la vacuidad.
¿Pero qué es esto de la vacuidad?, aquí entramos en un terreno complicado ya que explicarlo con palabras (pensamientos) no nos sirve ya que acabamos de llegar a la conclusión de que los pensamientos son un poco como el humo.
¿Qué es un pensamiento?
El pensamiento es energía mental con un mensaje, como una nube con algo
escrito en ella, con una cierta duración en el tiempo. En esencia, es información semitransparente. La información puede señalar algo relevante o puede ser una distracción inútil, y en cualquier caso no tiene sustancia real. Al enfocar nuestra atención en un pensamiento, parece volverse más sólido. Cuando lo dejamos en paz, se desvanece y desaparece por sí mismo.
En el Dzogchen utilizan el “espejo” como ejemplo para explicar un poco todo esto, en mi experiencia es el mejor ejemplo que he encontrado para entender que es la vacuidad.
Cuando leemos algo sobre la naturaleza vacía de la mente, no es lo mismo que una habitación vacía en la que entramos y no hay nada. Puede que no haya muebles pero la habitación vacía está ahí. A veces pensamos que no va a haber nada de nada pero, si se piensa en un espejo, el espejo siempre refleja algo.
El hecho de que el reflejo está en el espejo no disminuye la capacidad del espejo de mostrar reflejos y de hecho la presencia del reflejo es la que muestra la vacuidad del espejo.
Un espejo muestra lo que hay ahí porque no se muestra a sí mismo. Una foto se muestra; al estar llena de sí, no puede mostrar nada más. El espejo nunca se muestra pero muestra siempre reflejos y, a través de estos, muestra su vacuidad. ¿Está claro? Es muy importante. Si pilláis el sentido, cogéis el significado budista de “vacuidad”.
La vacuidad se refiere a la base vacía del espejo y a la experiencia vacía del reflejo. Ambos están desprovistos de naturaleza inherente; no tienen esencia intrínseca definida que pueda afirmarse como algo realmente existente.
El espejo funciona como mi conciencia, ¿Quién es el espejo?, nunca se muestra, sólo sabe reflejar lo que hay delante, puede ser un buda o un monstruo, pero el reflejo no nos dice quién es el espejo por eso se dice que es la vacuidad. Con mi conciencia (darse cuenta) sería lo mismo, ¿Quién o qué se da cuenta?: la vacuidad. Todo lo que me doy cuenta está surgiendo en mi consciencia como un reflejo en el espejo. Mi verdadero yo nunca se muestra como tal, mi esencia es la vacuidad y mi naturaleza es “darme cuenta” “reflejar”, también se le llama claridad.
¿Y de que me doy cuenta? ¿Qué reflejo?: Energía.
Tanto mi cuerpo como todo lo exterior está surgiendo en mi conciencia constantemente como los reflejos surgen en el espejo.
Es lo mismo cuando meditamos. La vacuidad de la mente se revela a través del flujo de la imagen y la sensación.
La propia naturaleza de la mente es la que muestra los pensamientos, sentimientos, sensaciones, colores. Su presencia en nuestra mente no es el problema.
El problema es que perdamos la apertura con lo que ocurre y nos identifiquemos demasiado con lo que surge porque se vuelve muy real en nuestra experiencia. Todo lo que ocurre entonces parece ser sustancialmente importante y el objeto aparentemente real y el sujeto aparentemente real parecen resumir su interacción familiar.
Al identificarnos con nuestra conciencia específica, personal, intentamos desterrar los malos pensamientos y mantener los buenos. Y la actividad incesante del samsara sigue.
La apertura relajada es presencia no defensiva con lo que sucede.
Parte de lo que sucede es el sentido familiar de “yo, mi, me”.
Pero, al no estar fuertemente identificados con nosotros, la hospitalidad abarca todo lo que surge, incluidos nosotros. Y a través de ello, despertamos a la integración primordial de los tres aspectos de existencia que son, en primer lugar, la base vacía y abierta, origen y esfera de todo.
En segundo lugar, el campo infinito de expresión espontánea, la riqueza de la potencialidad de la base, la inmediatez de la no dualidad.
Y en tercer lugar, la especificidad única de cada momento de movimiento, la exquisita, inasible talidad del estar vivo en el campo compartido.
Aunque estos aspectos pueden describirse separadamente, no son “cosas”, son inseparables.
La experiencia nunca para, continúa, pero ahora podemos ser más livianos, más parte integrante de la misma.
SER EL ESPEJO
Cuando decimos que tenemos conocimiento, o que hemos descubierto nuestra naturaleza real y moramos en esa naturaleza, eso significa que nosotros estamos “siendo el espejo”.
Como veis, “ser el espejo” o “mirar en el espejo” son dos cosas completamente distintas. Si nosotros somos el espejo, no tendremos entonces ningún concepto de la visión dualista.
Si un reflejo se manifiesta en el espejo, ¿porqué se está manifestando? Hay dos razones. Una es que el espejo posee la capacidad de manifestar infinitos reflejos. Esta es la cualidad del espejo. Si hay un objeto frente al espejo, naturalmente aparecerá un reflejo en el espejo. Además, el espejo no concibe ninguna idea acerca de revisar o aceptar el objeto que está reflejando. El espejo no necesita ningún programa para ello. Es lo que se llama su cualidad, o infinito potencial.
Del mismo modo, nosotros tenemos infinito potencial, pero lo ignoramos. Puesto que no conocemos nuestra naturaleza real, siempre concebimos que “yo estoy aquí” y “el objeto está allí”, no llegamos a descubrir que somos como un espejo, y si nunca lo descubrimos, no habrá manera de que lleguemos a funcionar como un espejo. Cuando descubrimos que somos como el espejo, sólo entonces existe la posibilidad de ser el espejo.
Cuando somos el espejo no tenemos problemas con los reflejos.
Para nosotros los reflejos son tan sólo una manifestación de nuestra cualidad, que es como la de un espejo. Cuando no tenemos problemas con los reflejos, entendemos la auto-liberación. No estamos cambiando o transformando algo. Tan solo moramos en nuestra naturaleza real.

