Primera reflexión sobre el chamanismo.
Soy occidental, para los pieles rojas soy un hombre blanco, pertenezco a una cultura que históricamente se ha creído más lista que las demás. Hemos conquistado parte del mundo sometiendo y aniquilando a otras culturas “inferiores” con la cruz en la mano.
Vivimos en la sociedad de la inmediatez, la felicidad está sobrevalorada, vivimos en la sociedad del consumo, quiero ser feliz y comprando cosas parece que lo consigo. Hay tantas cosas que comprar, juegos del ordenador, chats en los que hablar, series que ver, recibiendo toneladas de información diariamente.
Se nos ha olvidado como estar con nosotros mismos a solas, observar nuestros pensamientos y sentimientos, no tengo el dato pero habrá mucha gente que no habrá encendido un fuego en su vida, estamos desconectados del cielo y de la tierra.
¿De verdad este estilo de vida nos está haciendo felices? Mucha gente se está parando a preguntárselo, las enfermedades mentales parece que están en auge, la comida que comemos cada vez es menos natural, si te paras a leer los ingredientes de algún producto llegas a la conclusión de que no sabes lo que estás comiendo.
Hay personas que debido a grandes crisis existenciales, depresiones, miedos, enfermedades o lo que sea, la vida les obliga a parar y plantearse quien soy, cómo funciona la vida y cómo me libero del sufrimiento. Muchos miramos hacia otras culturas, más antiguas, que han sabido mantener una sabiduría que nuestra sociedad ha perdido.
Para mí el chamanismo es una manera de vivir y de ver la vida que tenían muchas tribus que estaban conectadas a la tierra.
En realidad la palabra chamán proviene de Mongolia-Siberia por lo que el chaman seria la persona que tenía más sabiduría de esas tribus y se encargaba de curar, asesorar y algunas veces guiar a la tribu. Ahora la palabra chamán se utiliza (por el occidental) para definir a ese tipo de persona en las tribus de todo el mundo, sin tener en cuenta las diferencias culturales, formas de trabajar y diferentes cosmovisiones, mitos y leyendas que tienen. ¡El hombre blanco ha decidido que todos son chamanes!
Las tribus que todavía mantienen su cultura chamánica tienen nombres diferente para ese tipo de persona, en muchas tribus suele haber palabras diferentes para los diferentes niveles de sabiduría o conciencia que pueda tener el “chaman”. Para el occidental sólo existe una palabra y un nivel: “chaman”, para definir todas estas posibles variantes.
En los Lakota (uno de los grupos de los Sioux norteamericanos) encontramos que llaman al “chaman” de máximo nivel Wichasha Wakan (hombre sagrado, hombre misterioso), luego está el Pejuta Wichasha (que utiliza hierbas para curar a los enfermos).
Luego está el Yuwipi, el que descubre (que utiliza el poder de Inyan, la roca). Tienen también el Waayatan, el profeta, (que puede ver el futuro y predecir lo que sucederá). También está el poderoso Heyoka, el payaso sagrado que sueña con el trueno (que se ríe entre lágrimas y hace todo al revés).
También tienen al temido y admirado Wapiya, conjurador y mago (con su carácter positivo cura a los enfermos, mientras que con el negativo es capaz de hacer enfermar).
También se podría incluir al Guía en las ceremonias de peyote.
El Wichasha Wakan, el de más nivel, cuando es viejo puede hablar con las plantas, profetizar, cambiar el tiempo meteorológico aunque todo esto tiene poca importancia para él, sólo son etapas de su vida, ha llegado más lejos, tiene la WAKANYA WOWANKAYE. (para el budismo tibetano estaría iluminado, despierto)
La mejor definición de este tipo de chaman la leí de un jefe lakota llamado Fools Crow (loco cuervo), él se definía como Hollow bones (huesos huecos), no era nada.
A este tipo de chamanes lo que les gusta es estar lejos de la multitud, meditar encima de una roca y sentir el cielo. Nunca se definirían como chamanes o personas especiales con poderes sobrenaturales.
Con toda esta explicación sólo quiero mostrar que llegar a este nivel de chaman es un camino muy largo y difícil.
En occidente he visto personas que han recibido un curso de chamanismo y ya se presentan como chamanes públicamente, incluso vi un curso que te daban el título de chaman. Con respecto a los chamanes que llegan de américa la mayoría no tienen el nivel arriba comentado, muchos ni siquiera son nada, han tomado una veintena de veces alguna planta, se pintan la cara, se ponen unas plumas y el occidental queda prendado. Hace muchos años me acuerdo que vi anunciado que iba a venir el representante del pueblo navajo a Cataluña, antes de apuntarme lo comenté con mi maestra y me dijo que el pueblo navajo no tiene representante, me hizo reflexionar y aprendí cómo la necesidad brutal de mi ego de ser salvado puede nublar nuestra mente y colocar a alguien en ese lugar de “gurú” “chamán” o “maestro” sin ni siquiera conocerle.
Antiguamente en el Tibet para que un maestro aceptara a un discípulo se tardaba de cinco a siete años, en los cuales el maestro descubría si el discípulo iba a tener la paciencia y la constancia para andar el camino, y el discípulo descubría o sentía que el maestro era lo suficientemente bueno para acompañarle hasta el final.
No existen pastillas verdes que nos quiten el sufrimiento de golpe, no existen personas que lo hagan por nosotros, ni rituales ni técnicas chamánicas. Es un camino que tenemos que andar nosotros.
Un buen maestro te empodera y te lleva de la mano, y cuando te caes en un precipicio te ayuda a salir de él, no te va quitando las piedras del camino para que no te caigas, tampoco te hace dependiente de él.
Al final te das cuenta de que tu gran maestro es tu vida, que te va trayendo las enseñanzas perfectas en el momento perfecto. Las tribus “chamánicas” vivían conectados a la tierra, si algo tiene la tierra es la armonía, hasta la muerte es armonía para la tierra. Ellos entraron en resonancia con esa armonía, eran parte de la tierra, estaban conectados al águila y al búfalo y las plantas… Todo es energía y todo está conectado. Cuando nos hablan del espíritu del águila están hablando de la energía del águila y así con todos los animales y plantas, todo es energía. Ellos tenían la sensibilidad de percibir esas energías. Uno de los espíritus (energías) que los Lakota más adoraban y temían era el “pájaro del trueno”, una energía muy poderosa difícil de entender y dominar. Otro era “inyan” las piedras que metes en el Inipi, su visión era que tenían mucha sabiduría ya que estaban en el planeta desde el principio, también se les llama las “abuelas” por lo mismo.
En mi caso esta visión y conexión con la tierra siempre me ha fascinado, pero yo nací en Bilbao, como occidental me enseñaron que la tierra pertenece al hombre, la domina, simplemente es un objeto que se puede comprar y vender, todos los productos que da la tierra lo mismo, son objetos separados de mí. Mi mente está enseñada de esa manera, soy un “yo” separado de esos “objetos”.
En mi opinión el chamanismo es el camino que tienes que recorrer para transformar tu mente y obtener esa visión de la naturaleza unida al “yo”, para llegar a eso el antiguo “yo” tiene que disolverse, los rituales chamánicos que las tribus tienen desde hace miles de años ayudan a esa “disolución”.

